y, en la otra, mi destino.
Te ofreci las dos.
Tomaste la flor,
la envolviste suavemente y con ternura
entre tus manos,
absorbiste deseosa, el fragil aroma
la sembraste, con suficiente agua
en un jarron y,
junto a tu ventana la depositaste.
A mi regresaste
clavando tu mirada en mi rostro
mi ocaso en tus ojos mire
abriste mi otra mano
y,
deshojaste mi destino.

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